domingo, diciembre 04, 2011

EL GRAFFITI EN EUSKADI EN 1989-90
















La locura y el artista han estado enlazados desde que nuestros primeros padres se encontraban en el jardín del Edén, parece ser que en Africa.
Poco a poco ha evolucionado el nombra dado a esta así como los establecimientos en donde se tratan los síntomas.
De manicomio hemos pasado por frenopático, psiquiátrico, clínica e incluso hoy en día existen casas de reposo muy agradables.

El consumo de drogas y las enfermedades mentales suelen tratarse de manera paralela, craso error.

Por ejemplo a mi, que aparte de toxicómana tengo un personalidad de desarrollo psicótico aunque actualmente entro dentro de lo normal, me han tratado muchos psiquiatras equivocadamente.
Se conoce muy poco sobre el comportamiento de los seres humanos; es como la informática: evoluciona tan rápido que a los psiquiatras no les da tiempo de ponerse al día.

Existen respuestas lógicas que desacreditan el diagnóstico oficial.

Mi historial con los psiquiatras empezó hace mucho tiempo y hasta mi padre, asustado porque mi exmarido le dijo que mi comportamiento había cambiado desde que fumaba hachis, con todo su amor hacia mi, alquiló un avioncito y me llevó a Ginebra para que me viera Ajuriaguerra que se suponía era el mejor psiquiatra de Europa.

A pesar de no tener aspecto de eminencia me dio una pista que he podido utilizar en mi extensa relación con los psiquiatras.

Me preguntó:¿por que tomas drogas?
Y ante mis balbuceos para responder adecuadamente, me cortó en seco y me dijo:

Henri Michaux tomaba drogas para experimentar con ellas, lo cual tiene un sentido.
Ahora puedes marcharte y que te vea Guimón en Bilbao.

Así lo hice y Guimón, muy sabia y evidentemente, me dijo lo que yo ya sabía: tu tienes un problema matrimonial.

El hecho de separarme de mi marido no impidió que siguiera experimentando con drogas hasta llegar al mas alto nivel, del que caí como un triste pajarito herido y Prem Rawat me recogió en sus fuertes brazos y desde entonces experimento con el conocimiento que es como si hubiera tomado una tonelada de LSD.




3 comentarios:

  1. Ya lo dijo Walter Benjamin que sabía de lo que hablaba, allá por los años 30 del siglo pasado.

    "La mente, el conocimiento, es la droga más potente que imaginar se pueda"

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