sábado, febrero 25, 2012

MIAMI ART DECO

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Hace 30 años tuve la fortuna de que se me revelaran las cuatro técnicas del conocimiento que imparte Prem Rawat gratuitamente a quien se lo pide con el corazón puro tras una preparación que consiste en ver y sobretodo escuchar videos.

A la sazón Prem Rawat junto a su familia, vivía en Miami por lo que desde entonces hasta que se trasladaron a Los Angeles tuve muchas oportunidades de ir a Miami; después también pero no tanto.

Miami es una ciudad fascinante para una persona que le guste el art deco.

Me quedaba embelesada ante esa proliferación de arte en los edificios, los coches, los colores, los carteles, cualquier detallito poseía ese encanto especial que ponen los grandes artistas, diseñadores, arquitectos...

Solía hospedarme en un hotelito deco por supuesto, frente al hotel Delano, que está muy agradablemente diseñado,(recomiendo profundizar en la web, merece la pena) cuyos camareros pueden ser estudiantes de arquitectura que se pasan el verano en Miami, ganan dinero y se hacen un master donde les apetezca.

A menudo iba al Delano a comer en la playita bajo una carpa o a tomar una copa al super estranbótico Rose bar en el que puedes encontrarte tranquilamente con Madonna o cualquier artista, ya que el hotel en si es puro espectáculo, paraíso de artistas exigentes.

Para cenar con amigos lo mas animado es Ocean Beach, lleno de restaurantes, tiendas abiertas hasta las tantas de la madrugada, discos, etc. música, baile en la calle, patinadores, skaters, guaperas de gimnasio...

Cuando estaba sola me gustaba ir a unos restaurantes cubanos cuya comida me gusta, son simpáticos y muy cultos para conversar. La comida cubana me encanta pero engorda con la mirada.
También voy a una peluquería cubana.

Miami es muy agradable pero tiene defectos difíciles de soportar:
_el calor.
_el agua del Caribe está tan caliente que no produce ninguna sensación.
_la gente es tan guapa que yo me siento fuera de lugar.

Recuerdo lo agradable que me sentí paseando por la plaza de Moyua de Bilbao cuando volví de Miami la última vez, todos tan corrientes, grises, normales.
En Miami son guapos los perros, los hombres, las mujeres, los coches, las casas, todo brilla, incluso las cubanas morenas grandes vestidas de colores, prietas, seguras de si mismas...
Yo me sentía muy poca cosa.

viernes, febrero 24, 2012

JARDINES DE KYOTO

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Yo intento vivir en la consciencia del presente, lo intento con todo mi esfuerzo y cuando me distraigo vuelvo al presente; eso se llama zen.
Todo se puede vivir de manera zen, desde trabajando en un basurero hasta en un jardín seco (zen) de Kyoto, pero el hecho de ser zen, vivir zen se encuentra en mi actitud ante la vida.

Reconozco que los jardines secos de KYOTO marcaron en mi una impronta que luego conseguí llevar a cabo cuando voluntariamente trabajaba de jardinera en Malibu y en Australia.

La diferencia era inmensa porque mis jardines no eran precisamente jardines zen sino terrenos que requerían esfuerzos de "beautification" en Australia y de jardinería con riesgo de cascabeles ( se me enfrentó una sacándome la lengua y me quedé petrificada, creo que mi actitud zen impidió lo que podía haber sido una picadura cuyo veneno habría sido difícil de extraer) en Malibu, pero yo para entonces ya tenía el zen en mi ser y eso va conmigo a todas partes.
Gracias a Dios en Amaroo no tuve problemas con los reptiles porque los de allí si te meten el veneno te matan: sin solución.

Siguiendo con el zen, es algo tan sencillo que a lo mejor yo me creo que soy zen y todavía no me he enterado pero hago mis esfuerzos para conseeguiro y como dice mi maestro:
"la dignidad está en el esfuerzo" (sic).

jueves, febrero 23, 2012

SANTIAGO SIERRA

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El –No– de Santiago Sierra: un pequeño ejercicio para el análisis del discurso - María Virginia Jaua

Así que -pierdan cuidado- no se trata aquí de abrir fuego indiscriminado contra el “arte político” o las “estéticas de lo pseudo” [...] De lo que se trata es de, enfrentar sin complacencias, complejos o complicidades el análisis de las prácticas simbólicas también allí donde éstas han hecho del "antagonismo", "la resistencia" y/o lo radical su principal coartada discursiva y propagandística [...] "Retóricas de la Resistencia: una introducción" José Luis Brea
Boomerang.jpgHace una semana hacíamos el acostumbrado envío semanal de nuestra columna Domingo Festín Caníbal con un texto reflexivo de Miguel Á. Hernández Navarro en el que cuestionaba la falta de tiempo que los críticos y los interesados en el análisis de los productos culturales, se dan a sí mismos para hacer su trabajo.
El viernes leímos no sin cierta sorpresa la noticia del Premio Nacional de Arte a Santiago Sierra. Pero eso no quedó ahí. No habían transcurrido sino unas pocas horas cuando circuló una misiva del propio artista en la que rechazaba dicho premio. Curiosamente, tras el anuncio del premio se hizo un silencio expectante (algunos enviaron felicitaciones tímidas, anticipando su desencanto); sin embargo, el comunicado del rechazo de inmediato convirtió la timidez en un hervidero de comentarios y opiniones, tanto a favor como en contra. Han abundado las denostaciones y las descalificaciones hacia unos y otros: hacia la institución artística, hacia el artista, hacia los premios incluso se han levantado voces para vitorear o sacrificar a personalidades del pasado que han recibido o rechazado algo tan, pero tan banal, para un artista, como un reconocimiento. Tampoco han faltado los elogios. Sin embargo, poco tiempo se ha dado para una lectura un poco más pausada de ambos gestos.
Estoy de acuerdo con esa necesidad urgente de darse el tiempo de leer con atención ambos discursos: el de la institución y el de su contraparte la de la “supuesta” resistencia. Leer para desentrañar lo que sus palabras y gestos dicen, pero también y sobre todo lo que callan. Solo así será posible ver en qué aciertan (si lo hacen) y en qué no -o mejor –en qué ambos son indiferenciados, contradictorios y codependientes y nos quieren "vender" una imagen y un discurso "falsificados".
En primer lugar, hay que revisar la decisión del ministerio. Como todo el mundo sabe el Premio Nacional de Arte existe desde hace años y como es costumbre se le da a un artista “nacional” al que se le considera merecedor por la calidad de su trabajo -no importa si éste ha vivido más de la mitad de su vida en otro país y haya sentado ahí las bases de su trabajo artístico. Para muchos hasta hace relativamente poco, Santiago Sierra era considerado un “artista mexicano” pero Sierra es español y como tal se le invitó a representar a España en la Bienal de Venecia, “reconocimiento” bastante oficial y remunerado que en su momento No supo o no quiso rechazar.
La decisión de la institución cultural de otorgar el premio al artista parece que busca paliar varias carencias. Por un lado, intenta llenar un cierto vacío en el arte español actual a nivel internacional y la sombra que –según algunos- le hace el arte latinoamericano en la escena artística. En ese sentido Sierra representaría una figura “extraterritorial” idónea que posee lo mejor de “ambos” mundos: está provisto de un dni y cuenta con la “potencia” discursiva de los conceptualismos emergentes.
Por otra parte, está la naturaleza del trabajo del artista premiado. Esas “retóricas de la resistencia” que se manifiestan en la obra de Santiago Sierra cuadran perfectamente con la voluntad “rebelde” de ciertas políticas gubernamentales; sirven tal y como él mismo apunta en su carta “a la legitimación” de su discurso. La institución-arte a través des Ministerio decide apropiarse estas retóricas, porque están de "moda" sin tomarse la molestia de leer un poco al respecto, como el último número de la revista Estucios Visuales en el que hubieran podido preveer algunos de los escollos a los que terminarían exponiéndose: la incompatibilidad en la relación entre imaginarios “dominantes” y “antisitémicos” y la fragilidad de las máscaras bajo las que éstas se ocultan.
La decisión del Ministerio de Cultura de otorgar el premio a un artista como Santiago Sierra en sí misma no tiene nada de reprochable. Todo lo contrario, hasta puede ser loable, pues atiende a las exigencias de una institución cultural: por un lado, promover y reconocer el trabajo artístico -más aún cuando este es arriesgado y crítico, desmantelador… y por otro, tiene la obligación de ejercer el presupuesto que se le ha asignado y que tantas batallas supone.
Sin embargo, esta actitud “antisistémica” al interior del sistema mismo resulta aberrante y termina pasándole factura. Pues, con el rechazo del premio, por parte de Sierra la institución cae en su propia trampa y queda “expuesta” por el artista como un mal jugador del monopolydel capitalismo “antiehegemónico” obligándole a contemplar cómo el plato del premio se le regresa como un boomerang revolucionario y lo descabeza.
Pero ¿qué decir del desaire del artista?
Si algo ha habido de admirable en el trabajo artístico de Santiago Sierra es la enorme capacidad que tiene para hacer evidentes las fallas del sistema, y una vez más consigue dejar al descubierto sus contradicciones, sus falsas morales, sus hipocresías y todas las tergirversaciones de las reglas del juego que -como sociedad- todos jugamos.
En la obra de Santiago Sierra -incluso en sus piezas más ingenuas- reside una fuerza desmanteladora muy potente; o por lo menos, siempre ha habido en ellas alguna posibilidad de derrumbe de la corrección política siempre en estado latente. Sin embargo, tanto en su obra, como –ahora- en su negativa también subyacen profundas contradicciones.
Leamos con atención el primer párrafo de su carta. Tras agradecer a los profesionales del arte, de los cuales se excluye voluntariamente (detalle notorio el de marcar esta diferencia, un artista cuya bandera democrática debería partir de la igualdad) afirma que los premios se conceden como reconocimiento a un servicio (el arte para él está excluido de esta categoría bien que cuando conviene, se le reclaman "sus servicios"). Es por ello que resulta bastante curioso que su rechazo parta de este distanciamiento y de desmarcarse de una condición que le parece inferior: el artista es un ser superior que se sirve de una condición humana inferior que está eso sí al servicio del Arte: lo afirma fechando su misiva desde un marxismo bastante brumoso.
Más interesante y rico en alusiones resulta el segundo párrafo. En el que afirma que el Arte (en abstracto) se le apareció (cual holly spirit) para concederle la Libertad de Artista. Para Sierra (quien se ha afanado en mostrar -y vender por todas partes- las condiciones de la miseria económica y moral del hombre dentro del capitalismo) el Artista acepta la Libertad como una "gracia" y no se ensucia nunca las manos, la libertad es un “don” divino que lava todas las acciones "artísticas" por las que gana el pan que lo alimenta a él y a su familia. Pero aún va más allá y en su discurso apela a un “sentido común” que le dicta desmarcarse del Estado que pretende “usufructuar” su prestigio de artista "serio".
Pero veamos, ¿quién utiliza a quién? ¿No se trata de una relación simbiótica? Sierra fue el artista “oficial” en la Bienal de Venecia y su “polémica” pieza exigía un dni español (en todo caso un poquito más creíble y radical y menos oficialista habría sido que obstaculizara a los propios nacionales entrar, prohibiéndose la entrada a sí mismo, o mejor que rechazara como lo hace ahora representar a un gobierno tan descarado que saca provechoso del prestigio que le hace ganar (pero que al final es el que paga la cuenta del prestigio que reclama para él solo). Piensa que alguien puede creerle cuando afirma que el Estado no es él sino los otros. Sí los otros, todos los españoles y residentes (legales o ilegales) en España que con dni o sin él pagan los impuestos y que hacen posible que exista un presupuesto para el Arte inmaculado del que viven: los empleados de la cultura, pero también los curadores, los críticos, los funcionarios y los artistas iluminados. La carta no tiene desperdicio y llega al momento cumbre cuando afirma que el Estado actúa en beneficio de una minoría, y en la que por supuesto, omite decir que él forma parte de ella.
Así como la decisión del Ministerio de otorgar el premio, posee razones que se sustentan en un arriesgadísimo sentido común: calidad, nacionalidad del artista, oportunismo político; también, los motivos del artista para rechazarlo tienen su justificación: es verdad que las políticas del Estado son erradas en muchos aspectos y busca con ansia legitimación, es cierto que las decisiones económicas trabajan más en beneficio de algunos y es lógico hacer el análisis y la crítica de dichas políticas. Pero el artista, por más que se empeñe en no quererlo, forma parte de ese Estado y es su instrumento, por lo que su trabajo desmantelador tendrá que ser un poco más riguroso e incluirse a sí mismo dentro del ejercicio analítico.
Porque cuando Santiago Sierra paga un poco de dinero a un trabajador para que se deje tatuar una línea en la espalda revela una condición a la que él mismo no escapa cuando se le paga (un poco más de dinero) para que exponga las fotos o el vídeo de esos mismos “empleados” suyos y que lo convierten a él mismo en patrón y trabajador tatuado por una remuneración. Pues aunque ponga todo su empeño en negarlo –y en hacerse ciego- él tampoco escapa a su borgiana, escalonada e infinita pesadilla de penetrados.
Si en lugar de ponerse por encima de todo, el artista hubiera asumido de manera más humilde una condición a la que nadie –ni él mismo- escapa, la negativa a aceptar el premio sería congruente. Si en lugar de argumentar el rechazo con el autoelogio, esgrimiera la condición humilde de todos aquellos seres anónimos que han trabajado para él y para su “lucrativo” proyecto “desmantelador” de la condición de “esclavitud y servidumbre”, rescataría algo de la dignidad y de la credibilidad que perdió desde que su rotundísima “negativa” “adornara elhall de entrada de la última feria de las vanidades galerísticas.
En este "juego" el único ganador ha sido el premio mismo: un boomerang solitario que ha cortado dos cabezas de tajo, y que tienen más rasgos en común de los que ambas se animan a reconocer. Pues, si la institución ha caído en la propia trampa de su contradicción política, el ego le jugó una mala pasada al artista y nos lo ha mostrado como un ser incapaz de autocrítica y de la puesta en duda de su propio ejercicio artístico; que se cree elevado por encima de todo lo humano –incluso de la materia con la que ha moldeado algunas de sus obras más escatológicas.
Resulta penoso y triste que un artista con tanto talento para llevar a cabo proyectos tan arriesgados no haya sabido encontrar una manera de rechazar el reconocimiento que ayudara a reforzar su trabajo “desmantelador” o que por lo menos no lo dejara como un emperador vestido con las galas de un palidísimo traje de carne ególatra.
A estas alturas, poco importa si la carta fue o no enviada al Ministerio de Cultura, si es o no oficial. Aunque se trate de una estrategia o una broma del artista: supone una puesta en evidencia. Y tanto el premio como su rechazo resultan una materia invaluable para el análisis y la crítica de las grietas por las que se precipitan tanto las formaciones discursivas del arte como sus políticas, y en donde todos -quiérase o no- jugamos un papel.

miércoles, febrero 22, 2012

KAREN KNORR

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  • La obra de Knorr ha generado un hondo compromiso y una fascinación por la taxidermia, los objetos y los espacios; es una práctica conceptual que de forma continua y coherente perturba la mirada institucional. Knorr abarca el pluralismo y la deconstrucción de instituciones, para explorar el lenguaje, el deseo, el género y la fantasía. Aunque estos temas dominaron el paisaje teórico post-estructural de los años 80 y 90, Knorr los ha desarrollado con originalidad y fuerza en su trabajo reciente, exponiéndolos a nuevas influencias sorprendentes, especialmente después de su viaje a la India en 2008.

    El ritual, la ostentación y la muerte son conceptos clave en la fascinante obra de Knorr; es un trabajo poético, profundamente misterioso, alegre y elegante, que implica ideas y conceptos originales y métodos novedosos de producción. La visión de Knorr, y las técnicas que emplea, la acercan más al pintor que al fotógrafo convencional. Dispara con cámara de formato grande, pero después dedica muchas horas en su estudio a la producción digital (posterior) de una sola imagen, desplazando e insertando, editando, mejorando, iluminando e intensificando el color. El teclado y la pantalla son su paleta y su pincel; la fotografía final que el espectador ve en la galería constituye su lienzo. La fotografía de Knorr es un proceso creativo que supone un encuentro directo e intenso con la tecnología, sin descartar por ello las técnicas fotográficas tradicionales. Los espacios representados forman un lazo nostálgico con el pasado, con rituales y sensibilidades en vías de desaparición, con los valores jerárquicos, con la realeza y la aristocracia como una raza perdida. Nos brindan un recuerdo de la historia, tanto privada como pública: muchos de los museos que Knorr fotografía fueron antaño las casas de la nobleza y de la aristocracia.

    Knorr acoge los espacios de alta cultura con un toque de lo “barroco”; la intensa coloración que impregna la superficie del papel fotográfico produce un exceso de experiencia estética, que es una característica común en la imaginería y la arquitectura barrocas. El drama de la arquitectura barroca expresa tamaño, poder y control. Los patios de entrada, las escaleras grandiosas y los salones reflejan una opulencia cada vez más sobrecogedora; a Knorr le obsesionan estos detalles. Sus fotos son, además de una interpretación del espacio arquitectónico, un encuentro con modelos repetidos, interiores excesivamente decorados y conceptos fijos de clase y aristocracia. Su contenido, en el que abundan los detalles, nos resulta extraño e inesperado; produce en el espectador una sensación de sobrecogimiento y asombro. Este, también, era uno de los objetivos principales de la estética barroca.
    Este libro se ha realizado con la colaboración de la Universidad de Córdoba, la Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Córdoba, la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí, la Fundación Caja Rural de Córdoba y el Parque Científico Tecnológico de Córdoba Rabanales 21.













martes, febrero 21, 2012

MORQUILLAS

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Conozco a Jose Ramón Sainz Morquillas desde hace muchos años, a la sazón yo estudiaba BBAA y él ya era un artista consagrado y conocido a pesar de que fue mas tarde cuando ganó el Gure Artea dejando asombrados a todos los connoisseurs del arte que jamás hubieran imaginado una obra tan atrevida en este nuestro pais de los vascos, de grandes pintores y escultores pero poco innovadores.

Yo también participé en aquel Gure Artea con una Herida que llamó bastante la atención pero lo de Morquillas fue una especie de revelación.

Le subieron a los altares, le dejaron hacer lo que le daba la gana durante bastantes años en las galerías mas prestigiosas, desconozco su CV pero recuerdo que todo lo que hacia era rompedor, interesante, inteligente y hacía pensar.

Hubo un tiempo en que yo estuve desconectada del mundo del arte y mas tarde me fui a vivir a Los Angeles por lo que le perdí la pista pero googleando encontrarás lo que quieras saber sobre él.

Lo que si tengo muy presente es cuando volví de EEUU y retomé el contacto con él, como me comentó que Zugaza le había propuesto exponer en el museo de Bellas Artes del parque de Doña Casilda y que tenia unos proyectos grandiosos, tanto de tamaño como de exagerados, los recuerdo porque todo era a lo bestia, las esculturas, los textos....
Yo estaba deseando que llegara el gran momento porque acababa de estar en la sala Amarica de Vitoria_Gazteiz, allí donde hacen la ley y me había impresionado la instalación con olor a sardinas y con un profundo significado de denuncia y reivindicación.

Bueno, ya dejo a vuestro interés lo que queráis saber sobre el historial de Morquillas y simplemente me pongo en el presente, que es donde radica la acción que está poniendo en vilo su día a día, casi una cuestión de vida o muerte. En su blog se encuentra la batalla que está lidiando con la justicia desde una acción artística que engloba todas las artes, incluso la de la propia inmolación en aras de que la verdad salga a relucir.



lunes, febrero 20, 2012

ISSEY MIYAKE

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Solo he estado una vez en Japón y como en aquella época solo me interesaban las drogas y en Japón no existe semejante imprefección, me perdí lo mas interesante ya que el desánimo bajó mi entusiasmo.
No por ello dejé de extasiarme ante los edificios de Tadao Ando y sus conceptos.

Disfruté de los jardines de Kioto, aprendí a rastrillar los caminos lo cual me resultó muy práctico cuando trabajé de jardinera voluntaria en Malibu y Amaroo. Me sentía tan orgullosa de mis caminos recién peinados, en realidad rastrillar la tierra es como pintar, me sentía en mi elemento.

La ceremonia del té me ayudó a entender mejor la mentalidad japonesa, ya que hasta entonces solamente había visto películas de Kurosawa y leido libros de Mishima.


El teatro Kabuki me fascinó pero salía y entraba porque me resultaba demasiado largo (24 horas)

Resumiendo: la estética japonesa me conmociona, me emociona, me fascina, me asombra y me sorprende siempre.

Hoy en día he aprendido mucho, he intimado con japoneses, lo cual es muy difícil y me he empapado de su cultura aunque ni siquiera he traspasado la primera capa, sin embargo, he aprendido lo suficiente para disfrutar de todo lo que ofrece, tanto en cine como en arquitectura, música  y literatura, incluso en los artistas plásticos, cuya sensibilidad acaricia mis sentidos.

Respecto a Issey Miyake, solo puedo decir que me quedo muda ante la belleza de sus volumenes.
Un día, en Santa Mónica, entré en una galería de arte y había una expo de Miyake, no era ropa, eran una especie de esculturas hechas con tela.
Me quedé petrificada, había tocado lo mas sagrado que mis ojos habían contemplado.
A los pocos días volví y la galería había desaparecido.

domingo, febrero 19, 2012

NO QUIERO CARNAVAL

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Los hombres se divierten mucho jugando a dirigir el planeta con la ayuda de las lindas mujercitas que dulces y sumisas cocinan para ellos, planchan su ropa, les rien las gracias y les acarician cuando necesitan mimos.
Ellos solo se dan cuenta de la importancia de la mujer cuando ésta falta o se va con otro o le echa de casa.
Entonces reaccionan. O bien matan o se casan con otra a la que miman en exceso para no perderla.

Yo solo he conocido a una mujer que mató a su marido.
Es bermeana, lo cual significa que posee carácter; las mujeres de Bermeo están acostumbradas a llevar las riendas de la vida porque los maridos se la pasan navegando y cuando llegan a puerto lo celebran bebiendo.

Pues bien, mi amiga, harta de las borracheras de su marido y de los consecuentes maltratos, una noche le esperó con el rifle detrás de la puerta y cuando él llegó tambaleándose, ella, decidida, le pegó un tiro y le dejó seco.
A pesar de que alegó defensa propia, le metieron en Basauri (en aquella época había chicas, todavía vivía Franco, allí le conocí) y le cayeron muchos años que supongo habrán bajado con la reforma de algunas leyes que favorecen a las mujeres, presumo.

Si los hombre supieran lo compleja que es la sensibilidad de la mujer, se comportarían de diferente manera.
La naturaleza, que es sabia, ha puesto una atracción entre ambos sexos para que sigamos reproduciéndonos, porque si no existiera esa atracción tan fuerte y el consecuente placer al consumarlo
¿quien tendría hijos?